En el corazón de Chile un pulso vibrante late en secreto del impacto humano, donde la naturaleza florece en visión única de grandeza. Bendecido con la cordillera de los andes, Chile es uno de los últimos regalos de la tierra. Estas montanas del este protegen una inigualada biodiversidad recorriendo desde el norte de ecuador hasta hundirse en el sur del mundo. A su lado, una franja de estrecha tierra fértil, montañosa, irregular, inigualable y mágica que se extiende al oeste hasta el océano pacifico. El gran océano que a su vez se define como distante y longevo. Azul profundo, mar lejano que yace lleno de lucidez mística, solitario y sin memoria, que baña con sus aguas a la tradicional cultura chilena. Esta cultura que en palabras breves es reconoce a si misma como criolla, homogénea, mestiza, reservada amigable y estrechamente ligada a la agricultura.
Viñas y huertos se extienden a lo largo de diáfanos ríos, valles que producen exquisitas frutas y verduras. El macizo andino forma además su propia y única tierra volcánica prehistórica no solo grabada con pisadas de dinosaurio sino también aguas termales y bellísimos paisajes que son accesibles solo a caballo, a pie o en bicicleta.